Fundación ESTEVEZ BOERO

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A 40 AÑOS DEL GOLPE CÍVICO MILITAR

El golpe de estado de 1976, inició una etapa en la cual el terror de estado fue el elemento esencial, pero no excluyente, para dar comienzo a una profunda reestructuración de la sociedad civil y simultáneamente del estado y su relación con el mercado. En el orden internacional comenzaba a tener vigencia un nuevo orden económico mundial y los grandes centros de poder comenzaban a reclamar las primeras políticas de ajuste. La disminución de la participación de los trabajadores en la distribución de la renta y la precarización de las condiciones laborales, fue acompañada por una cultura política y social impregnada de valores individualistas que convertía a la competitividad en una alta “virtud cívica”. Esto estaría acompañado de una profunda deserción del estado como instrumento reparador de las desigualdades sociales, proclamando su carácter subsidiario frente a tal obligación.

La resistencia que el modelo a implementar provocaría, hizo que el asalto al poder fuera acompañado de una represión sin antecedentes en nuestro país, y de una mecánica de violación a los derechos humanos que no desmerece ante las peores atrocidades realizadas por los más descalificados regímenes políticos de la historia.

Resulta incuestionable que este golpe de estado preparó el terreno para la implantación, en la década de los 90, de las políticas neoliberales que jerarquizaron el mercado por sobre el bien común, esta vez sin necesidad de recurrir a un golpe de estado, reflejando la derrota cultural que sufrimos los argentinos.

No queremos nunca más volver al pasado de horror; no queremos que los hechos aberrantes originados con aquel golpe de estado queden impunes, sin los juicios a quienes estuvieron involucrados en actos de terror, pero también necesitamos fortalecer la calidad democrática y alejar todo germen de destrucción que pueda afectar la vida institucional en nuestro país.

A 40 años del golpe de estado debemos reivindicar la memoria, aprender del pasado y proyectar un futuro con la convicción de que la democracia es un valor que se construye día a día, que se consolida cuando disminuye la injusticia y se debilita cuando la exclusión y la marginación se abalanzan sobre nuestros pueblos. La democracia es un concepto que tenemos que llenar de significado a través del compromiso, la participación y la práctica cotidiana.

 

Estrategias de democratización de la economía

Guillermo Estévez Boero (Col.) Estrategias de democratización de la economía; en "Profundización de la Democracia: Estrategias en América Latina y Europa"/ Peter Hengstenberg (Coordinador), 1989.

 

Pensar la democracia desde nuestra realidad actual, caracterizada por la profunda crisis -derivada del agotamiento de un modelo no participativo- y por la transición, supone, para nosotros, enfrentar una eviden­cia: que la democratización de un Estado y de una sociedad en crisis co­mo la nuestra, no se logra con la sola culminación de un proceso eleccio­nario, ni con el accionar de un sólo partido político.

La revalorización del principio de legitimidad democrática, admitido por todas las fuerzas políticas y sociales de Argentina, en este proceso de apertura democrática, no agota su contenido en la sola recuperación de la constitucionalidad anterior, sino que, debe incorporar a sus demandas, las ne­cesarias modificaciones del marco institucional que la experiencia plan­tea como insoslayables.

La realidad pone en evidencia que, la consolidación de la democracia, exige un ritmo apropiado de democratización económica y social. Es de­cir, que la democratización de la política se revela como un momento par­cial de un proceso más amplio y profundo de democratización fundamental en todas las órbitas sociales, y en todos los niveles.

Como dice Norberto Bobbio: “El proceso de ampliación de la democracia en la sociedad contemporánea, consiste en: el paso de la democracia en la esfera política, a la democracia en la esfera social; desde el campo de la gran sociedad política, hasta alcanzar el campo de la sociedad civil en sus distintas articulaciones, desde la escuela hasta la fábrica”[1].

 

La crisis no asumida

La transición hacia la democracia se está dando, en Argentina, en medio de la crisis económica y social más profunda y compleja, desde la organi­zación nacional. Ella no representa, solamente, un momento de deterioro de la economía o del cierre de un ciclo económico; esta crisis es, sobre todo, un momento en el que afloran las profundas falencias derivadas del agotamiento del modelo económico puesto en marcha a fines del siglo pasado. Crisis económica que se proyecta como crisis social e institucional, y que, con el tiempo, se ha transformado en una profunda y compleja crisis moral.

 

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