Fundación ESTEVEZ BOERO

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Actos y Agenda

El PSP: un hecho significativo para la historia del socialismo argentino

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A 45 años de su fundación, recordamos algunos hitos del Partido Socialista Popular en su historia.

No se trata de hacer de la fecha una efemérides autocelebratoria. Viene al caso la aclaración, porque fui uno de los protagonistas de aquella jornada; más aún: su primer orador. Pero lo cierto es que esa fecha tuvo importancia. Me refiero al 23 de abril de 1972, cuando se fundó el Partido Socialista Popular (PSP) en el marco de un entusiasta acto en el salón de la sociedad Unione e Benevolenza de la todavía llamada calle Cangallo.

Los cuarenta y cinco años transcurridos verifican que fue para los socialistas de este país, el hecho más importante, porque sentó las bases de una nueva realidad cuyos efectos, bien o mal, se proyectaron en el tiempo y llegan hasta hoy.

Sin aquel 23 de abril, las fuerzas que expresaban casi simbólicamente la historia del socialismo en la Argentina hubiesen sucumbido. Tal vez esto no sea compartido por muchos, por lo me permito, muy modestamente, invitarlos a reflexionar, desapasionadamente y con espíritu crítico -como cabe a los socialistas- sobre lo que venía pasando, y pasó después.

Sin aquel 23 de abril, las fuerzas que expresaban casi simbólicamente la historia del socialismo en la Argentina hubiesen sucumbido.

Cuando en 1958 se dividió el Partido Socialista fundado en 1896 por Juan B. Justo (fue la tercera división importante: la primera fue después de la Revolución Rusa que determinó la creación del Partido Socialista Internacional, luego Partido Comunista y la segunda en 1928 que dio a luz al Partido Socialista Independiente), quedaron en la Argentina dos partidos Socialistas con sendos aditamentos que copiaban una nomenclatura de uso en Italia desde 1948 con su propia división: el Partido Socialista Democrático (PSD) y el Partido Socialista Argentino (PSA). Cuando hacia 1972 se permitió recrear la existencia de los partidos políticos, disueltos por la dictadura de Onganía, tanto uno como otro estaban en un proceso de franca decadencia, más el segundo que el primero.

El PSD, que había llegado casi a justificar el golpe de Estado de 1966 por la incapacidad del gobierno radical de Arturo Illia de eliminar químicamente al peronismo, se deslizaba por una pendiente liberal de la mejor tradición manchesteriana que lo llevaría en 1976 a apoyar abiertamente a la dictadura militar de Videla. Sin embargo supo preservar su caudal electoral en algunas localidades del interior bonaerense como Mar del Plata en la que ganó todas las elecciones municipales que se sucedieron a partir de 1958 y hasta 1976: Teodoro Bronzini, Jorge Lombardo y Luis Fabrizio fueron, con los interregnos de los gobiernos militares, elegidos intendentes básicamente sustentados en su excelente y transparente capacidad de gestión. Supo mantenerse unido, salvo aquel pequeño número de jóvenes afiliados a los que nos avergonzaba nuestra pertenencia a un partido que hacía del antiperonismo, del anticomunismo y del anticastrismo un dogma de fe y que se encargaba en cuanta oportunidad podía, de condenar a los movimientos de América Latina, Asia y África que luchaban por su liberación nacional.

Discreta y silenciosamente creamos el llamado Grupo Evolución que renegó rápidamente del legado ghioldista y nos hizo pasar la década de los sesenta y parte de los setenta alentando ideas progresistas y de transformación social y de esperanza con la experiencia chilena. De allí en más el PSD no tuvo más escisiones. Los que quedaron acompañaron al partido en su apoyo a la dictadura, aceptaron embajadas y altos cargos en el gobierno y terminaron, en 1983 en una alianza electoral que encabezó como candidato a presidente, otro connotado “procesista”, el embajador de Videla en Roma, Rafael Martínez Raymonda. Debo dejar constancia –porque así me consta- que en todo ese período un grupo de jóvenes del PSD repudió este apoyo a la dictadura del mismo modo que en 1983 haberle ofrecido la candidatura presidencial a Martínez Raymonda.

De su parte el Partido Socialista Argentino, el que aparecía como el más consecuente heredero de las tradiciones de la Casa del Pueblo y de la línea izquierdista del antiguo partido (no en balde quedó en sus filas la más emblemática figura del socialismo en nuestro país, Alfredo L. Palacios), se fue dividiendo en partes como una ameba hasta llegar a su virtual disolución, producto no sólo de una diferente consideración de la situación política interna, sino también de los modos de desarrollar sus acciones para llevar adelante el ideario socialista: desde los que querían reunificarse con el socialismo democrático, hasta los que proponían la lucha armada.

El socialismo había perdido el apoyo de los trabajadores, y sólo cuando el peronismo quedaba proscripto alcanzaba representación parlamentaria.

Tanto una como otra de la partes del viejo partido, tenían en sus filas prestigiosas personalidades, muchas de ellas con una impecable y trascendente trayectoria en la historia política y social de la Argentina. Más allá de Palacios, los nombres de Alicia Moreau de Justo, Nicolás Repetto, José Luis Romero y Carlos Sánchez Viamonte alcanzan para dar fe de esta afirmación.

Pero el socialismo había perdido el apoyo de los trabajadores, y sólo cuando el peronismo quedaba proscripto, alcanzaba representación parlamentaria. Pero a fines de la dictadura de Onganía – Levingston – Lanusse, con el peronismo electoralmente habilitado, no quedaba espacio para hacer siquiera ensayos electorales para poner socialistas en el congreso.

Los grupos que se escindieron del socialismo argentino fueron entremezclándose con otras fuerzas de izquierda, algunas trotskistas, otras cercanas al Partido Comunista, y hasta con el comunismo de orientación maoísta. Otros hicieron “entrismo” con el peronismo revolucionario.

Finalmente, con sus jirones, Jorge Selser llevó al PSA a la llamada Hora del Pueblo, que era un punto de encuentro que incluía a peronistas, radicales y democristianos, consiguiendo de ese modo un protagonismo político que excedía lo que en realidad era aquel partido. Pero aún así, esta política de Selser no era compartida por la mayoría del partido, al que pese a su progresismo, no aceptaba tan cercanos tratos con el peronismo y de hecho, en el último de sus congresos, el día anterior a dejar de ser Partido Socialista Argentino, un Congreso partidario lo retiró de la Hora del Pueblo.

Para colmo de males, la nueva ley de los partidos políticos prohibía a éstos el empleo del aditamento “argentino” y exigía obtener la personería jurídica en cinco distritos electorales del país con por lo menos el 4 por mil de afiliados de los empadronados en cada uno de ellos, extremo que no era muy fácil de alcanzar, salvo en distritos con pocos habitantes. Por su parte, el PSD, que se había mantenido unido y organizado, tenía un horizonte más esperanzador, por lo menos para subsistir.

En estas condiciones, un grupo del interior llamado MAPA (Movimiento de Acción Popular Argentino), liderado por Guillermo Estévez Boero y con una fuerte presencia en el movimiento universitario reformista -sobre todo en las universidades del Litoral, de Rosario y de Córdoba, al punto de que uno de sus más connotados afiliados, Ernesto Jaimovich, era el Presidente de la Federación Universitaria Argentina (FUA)-; firme y centralmente organizado con una estructura de cuadros leninista y autodefinido como socialista; irrumpió en este escenario con una propuesta de unidad que sedujo a algunos y espantó a otros, pero que no dejó indiferente a nadie en el no muy amplio universo socialista, con excepción del PSD que siguió su rumbo de afirmación ultra liberal al calor de su más destacado dirigente: Américo Ghioldi.

Guillermo Estévez Boero nunca había estado afiliado al PS y su militancia política más destacada la había tenido en el Partido de los Trabajadores, una singular experiencia izquierdista, que había llegado a tener representación en la Convención Constituyente de Santa Fe de 1957 y que tenía como figura más destacada a Juan Carlos Deghi. A la pluma de Estévez Boero se debió la más dura objeción a la legitimidad de aquella Convención y la afirmación de la vigencia de la Constitución de 1949.

Si alguien considera que este derrotero socialista tuvo aspectos positivos debe honrar la figura y el recuerdo de Guillermo Estévez Boero, verdadero numen de aquel 23 de abril.

El MAPA entusiasmó a parte de la conducción del PSA, sobre todo a aquellos que, como su Secretario General, Jorge Selser, no le hacían asco a sentarse a trabajar con el peronismo y los radicales. Sin embargo a otros, o porque preferían seguir los pasos del Partido Comunista, o porque quería reunificarse con el PSD, o porque directamente desconfiaban de la intencionalidad del MAPA, no les entusiasmaba la idea. Este grupo tenía una base militante de envergadura –de la que los otros sectores carecían- lo que hacía suponer que en cualquier elección interna se iban a quedar con la mayoría, y además no existía en este grupo una explícita adhesión a la tradición histórica del viejo Partido Socialista.

No estaba organizado por Centros, sino por Frentes, su organización era centralizada y su formación de cuadros se sustentaba en las lecturas de Marx, Engels, Lenin, los espartaquistas alemanes y Gramsci, ajenas por principio a la tradición histórica del PS, cuya adscripción al reformismo de la Segunda Internacional, había sido hasta entonces un dogma. El MAPA era definidamente latinoamericanista y en el sancta sanctorum de su ideario lucían José Carlos Mariátegui, Manuel Ugarte, Julio Antonio Mella y Salvador Allende aún presidente de Chile. Es cierto también que el trabajo escrito por Estévez Boero “Realidad Política Argentina”, que los militantes del MAPA distribuían como la clave de interpretación de la realidad nacional, no nombraba ni una vez ni a Juan B. Justo ni a Alfredo L. Palacios.

De todos modos con el impulso del MAPA, la estructura y la tradición del PSA, más la presencia de otros dos grupos, Militancia Popular y el Grupo Evolución, este último integrado por jóvenes, el 23 de abril de 1972 se fundó el PSP. En el acto inaugural un telón de fondo lucía el rostro de Alfredo Palacios. En el centro y abajo, Juan B. Justo. Sobre el escenario, a la derecha, el Che Guevara y a la izquierda Salvador Allende. No era una síntesis, era un acuerdo. Hablaron Carlos Constenla (Grupo Evolución), Andrés Lopez Acotto (Militancia Popular), Guillermo Estévez Boero (MAPA) y Víctor García Costa (PSA). Mis recuerdos no hallan disonancias ideológicas en aquella primera presentación. Cuando Estévez Boero dijo que “los reaccionarios no había podido todavía eructar el 45” algunos dirigentes se retiraron del acto. Entre ellos Alicia Moreau de Justo. Los militantes del MAPA, que eran mayoría en aquella jornada, portaban tacuaras con banderines rojos cruzados por cintas celestes y blancas. Las ansiedades y dudas crecieron, pero se siguió adelante.

Lo que sigue, con muchos incidentes políticos es otra historia. Para no apartarme de la invitación a escribir estas líneas quiero ir ahora a los efectos:

Decía al principio que este fue un hecho importante. Siempre tuve para mí que el único que sabía qué era lo que estaba haciendo en la plenitud de su conciencia era Estévez Boero, y supongo que alguno de sus allegados, no muchos, también. Eso explica la coherencia de su desarrollo. Porque aquella idea unificadora, que yo conocí con otros compañeros de nuestro grupo en Cañada de Gómez una tarde de noviembre de 1971, fue afianzándose a la vez que adecuándose a la realidad (siempre compleja) que la Argentina presentaba.

Las sucesivas rupturas y deserciones en el partido, si bien implicaron grandes batallas judiciales y peligrosas incidencias personales por la época que se vivía, con el terrorismo de Estado como telón de fondo, el núcleo central del PSP siguió creciendo, sobre todo a favor de su sólida organización interna. A tal punto que, cuando los últimos tiempos de la Dictadura Militar fue abriendo el juego a la política, el PSP vuelve a reunir los que lo habían abandonado en otra organización que le serviría para ocupar un papel en el retorno a la democracia: PSP – Confederación Socialista – PS del Chaco, concurrieron a elecciones con la personería del PSP. Para entonces el PSP había sido convalidado con una nueva conducción, la membresía en la Internacional Socialista, presidida entonces por Willy Brandt y que contaba con la fulgurante participación de un joven Felipe González.

Dos años después se conforma, por primera vez, la Unidad Socialista con el PSD. Y se da la paradójica situación que muchos de los más severos críticos de las posiciones del PSD se afiliaron a este partido político que le había dado embajadores, funcionarios y colaboradores a la Dictadura Militar para no quedar fuera del socialismo, pero que no se animaban a sumarse al PSP, no ya por cuestiones ideológicas -habida cuenta del compromiso social democrático de este último-, sino para no confrontar con una base militante más disciplinada y organizada que auguraba seguras derrotas en eventuales elecciones internas. La unidad de los dos partidos con el nombre del PS (2002) fue el resultado final de aquel curso iniciado en 1972. Ya prácticamente no hubo espacio para otras formaciones socialistas, salvo de muy poca entidad o bien del camp11140325_1645668475670694_4743937335276700496_no trotskista. Y no fue por casualidad que fuera precisamente primero en Rosario y después en la Provincia de Santa Fe, en la que el PS alcanzaría sus mayores logros. Incluso la inédita experiencia de que uno de aquellos originarios militantes del MAPA, llegase a ser el primer gobernador socialista de la República Argentina.

Estoy fuera de la militancia política desde hace muchos años, aunque conservo mi afiliación. Tengo una mirada crítica hacia el PS, y ante una generosa invitación relaté algunos recuerdos e impresiones de primera mano y me permití reflexionar sobre un hecho histórico para el socialismo de la Argentina. Aunque sé que incurro en una impostación contrafáctica, creo que todo lo que sucedió en el socialismo desde aquel 23 de abril, hubiese sido muy distinto y me animo a decir que mucho peor.

Como se advierte, esta no es una remembranza autocelebratoria; pero de todos modos, si alguien considera que este derrotero socialista tuvo aspectos positivos –y yo soy uno de ellos, a pesar de mi inducida deserción militante- debe honrar la figura y el recuerdo de Guillermo Estévez Boero, verdadero numen de aquel 23 de abril.

 

Fuente:

http://www.lavanguardiadigital.com.ar/index.php/2017/04/24/un-hecho-significativo-para-la-historia-del-socialismo-argentino/

 

Homenaje en el 17º Aniversario del fallecimiento de Guillermo Estévez Boero

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DISCURSO PRONUNCIADO POR LA DIPUTADA INÉS BERTERO

 

En estos tiempos de extrema complejidad en nuestro país y en el mundo sentimos necesidad de rescatar algunos análisis de la realidad que Guillermo nos supo transmitir.

Hoy transitamos un nuevo tiempo político en Argentina producto de la decisión ciudadana  de dejar atrás doce años de un gobierno  que contó con el apoyo de una heterogénea base social y que, a pesar del relato,  concluyó su mandato con peores indicadores en materia social, económica e institucional: mayor desigualdad y pobreza, mayores niveles de violencia, de impunidad y de corrupción de sus máximos funcionarios.

Esta difícil realidad social sumada a la falta de diálogo de la ex presidenta y a su estilo confrontativo con los sectores de la oposición condujeron irremediablemente  a una división en las preferencias del electorado “a favor de “ y “en contra de” sin una real comprensión de la situación argentina y del mundo.

Y aquí quiero compartirles una reflexión que nos hacía Guillermo en pleno menemismo:

“Más fácil que realizar su autocrítica es cargar a otros las culpas por los errores del pasado. Son los mismos juicios  Ayer Perón bueno o Perón malo; hoy Menem bueno, Menem malo.

Es la forma de valoración histórica que carga toda la motivación en el personaje de turno y que, en consecuencia, plantea como solución superadora el desplazamiento del personaje de cada época.

Esta forma de análisis ha sido terriblemente nociva porque nos ha impedido superar los problemas del país partiendo del análisis objetivo de las estructuras económicas, sociales y morales de cada tiempo.'Centrar la responsabilidad en un personaje esfuma la responsabilidad del resto de los protagonistas, incluso de aquellos que se autoadjudican la calidad de jueces. En verdad, lo que se hace es ocultar la real ausencia de una propuesta superadora de la realidad.

El mundo y el país están pasando una época muy especial, una época difícil, donde viejos conceptos que por mucho tiempo nos parecieron firmes se han derrumbado. Una época donde se abre la posibilidad de pensar, de estudiar, de construir, porque ya no queda nada de lo viejo en pie. Pero evidentemente esta tarea refundadora nos exige una templanza, una fuerza, una voluntad y un estudio para llevarla adelante, porque una cosa es caminar por los senderos ya hechos y otra cosa es abrirse paso. Esto es lo que hoy tenemos que hacer.”

Hoy, en 2017, en países  como el Reino Unido, Estados Unidos y Francia se vive un renacer reaccionario donde el pasado parece de repente ser mucho más atractivo que el futuro.

La razón de este cambio es que muchos ciudadanos han perdido la fe en el progreso. Ya no creen que el futuro les traerá una mejora material y que sus hijos vayan a  tener una mejor vida que la suya.

Esta pérdida de confianza en la agenda política de los partidos de izquierda, ha dejado un vacío en el que se ha introducido la derecha nacionalista con agenda que propone proteccionismo económico y cierre de fronteras. Y esta no es una buena noticia para el mundo y menos para América Latina.

Para quienes creemos en los valores del socialismo la prioridad es redefinirlos en el contexto actual. Volviendo a Guillermo:

“Lo nuestro es un camino, el socialismo no es una foto estática, es una marcha que siempre tiende al mejoramiento de la gente" Nunca llegamos, ni llegaremos, porque siempre tendremos un objetivo más allá, siempre generaremos algo nuevo para mejorar. Porque cuando nos paramos, cuando caemos en la modorra burocrática, dejamos de representar el futuro, el avance, la pasión por crear otra cosa, por imaginar otra solución, por generar mejores condiciones. Y la gente no se queda amorfa, sino que busca donde canalizar esa pasión.

Y la canaliza en otro que los convoca, con otras llamadas, sin ética, con lo que quieras, pero posibilita la canalización de esa pasión que nosotros hemos dejado apagar, muchas veces por falta de imaginación y muchas veces por comodidad.”

“Las posibilidades de garantizar un cambio real en nuestro país están vinculadas directamente a nuestro nivel de inserción. Si no tenemos un grado y un nivel de inserción correctos no habrá dibujito, por lindo que sea, que pueda ser llevado a la realidad.

Nuestra inserción debe darse allí en las bases, en las raíces de esta reformulación que queremos y que vamos a hacer de abajo hacia arriba. El país se va a reformular, tenemos la posibilidad de participar en su reformulación o de quedar al margen de la misma.

El debate que se instala en nuestra sociedad es acerca del modelo elegido para esta reformulación. Se puede apuntar a un inmoral capitalismo salvaje -como la filosofía del actual ajuste- o se puede intentar construir una sociedad libre, justa y solidaria, con una nueva cultura de convivencia y cooperación como anhelamos los socialistas.”

“Lo que nosotros no podemos tener es la simpleza de pensar que si nosotros no reformulamos Argentina, Argentina no se reformula.”

 

Conmemoremos su legado

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Las Huellas del Futuro, la fundación del Partido Socialista

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“El acontecimiento ha podido parecer tan insignificante que algunos diarios ni siquiera han hablado de él. En efecto, entre todos los delegados no poseían quizá una modesta fortuna; ni era aquélla una de esas asambleas a las cuales la presencia de hombres eminentes da carácter y tono; hasta se decían muchos disparates y hubo momentos de verdadera confusión. Pero para quien comprende que los acontecimientos importantes no son siempre los que se pasan con gran pompa, al son de trompetas y tambores y en medio de la expectativa general, el reciente congreso obrero tiene que ofrecer un gran interés. Lo mismo que las repetidas huelgas, la celebración de este congreso significa que, junto con la producción y el comercio en grande escala, ha nacido en el país el más fundamental de los antagonismos de clases, el de la clase trabajadora y la clase propietaria, cuya consecuencia es el movimiento socialista, que hoy conmueve a los países adelantados. Significa, pues, un doble progreso; uno económico, otro intelectual; uno en el modo de trabajar, otro en el modo de pensar. Al mismo tiempo que la República Argentina ha adquirido un puesto en el mercado universal, han aparecido en ellas las ideas que hoy más agitan al mundo. Y lejos de ser una aparición prematura, vamos en esto, como en tantas otras cosas, detrás de los demás pueblos. Al significar un progreso económico e intelectual, el Congreso obrero significa un progreso político... Es indispensable que la clase trabajadora se ponga en movimiento si no quiere ser aplastada por el mismo progreso técnico de la industria y el comercio, que si no es acompañado de un adelanto equivalente en la inteligencia y en la actividad política del pueblo, sólo tiende a aumentar la riqueza y el poder de los capitalistas a expensas del bienestar y la libertad de los trabajadores”[1].

 

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A 40 AÑOS DEL GOLPE CÍVICO MILITAR

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El golpe de estado de 1976, inició una etapa en la cual el terror de estado fue el elemento esencial, pero no excluyente, para dar comienzo a una profunda reestructuración de la sociedad civil y simultáneamente del estado y su relación con el mercado. En el orden internacional comenzaba a tener vigencia un nuevo orden económico mundial y los grandes centros de poder comenzaban a reclamar las primeras políticas de ajuste. La disminución de la participación de los trabajadores en la distribución de la renta y la precarización de las condiciones laborales, fue acompañada por una cultura política y social impregnada de valores individualistas que convertía a la competitividad en una alta “virtud cívica”. Esto estaría acompañado de una profunda deserción del estado como instrumento reparador de las desigualdades sociales, proclamando su carácter subsidiario frente a tal obligación.

La resistencia que el modelo a implementar provocaría, hizo que el asalto al poder fuera acompañado de una represión sin antecedentes en nuestro país, y de una mecánica de violación a los derechos humanos que no desmerece ante las peores atrocidades realizadas por los más descalificados regímenes políticos de la historia.

Resulta incuestionable que este golpe de estado preparó el terreno para la implantación, en la década de los 90, de las políticas neoliberales que jerarquizaron el mercado por sobre el bien común, esta vez sin necesidad de recurrir a un golpe de estado, reflejando la derrota cultural que sufrimos los argentinos.

No queremos nunca más volver al pasado de horror; no queremos que los hechos aberrantes originados con aquel golpe de estado queden impunes, sin los juicios a quienes estuvieron involucrados en actos de terror, pero también necesitamos fortalecer la calidad democrática y alejar todo germen de destrucción que pueda afectar la vida institucional en nuestro país.

A 40 años del golpe de estado debemos reivindicar la memoria, aprender del pasado y proyectar un futuro con la convicción de que la democracia es un valor que se construye día a día, que se consolida cuando disminuye la injusticia y se debilita cuando la exclusión y la marginación se abalanzan sobre nuestros pueblos. La democracia es un concepto que tenemos que llenar de significado a través del compromiso, la participación y la práctica cotidiana.

 

Estrategias de democratización de la economía

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Guillermo Estévez Boero (Col.) Estrategias de democratización de la economía; en "Profundización de la Democracia: Estrategias en América Latina y Europa"/ Peter Hengstenberg (Coordinador), 1989.

 

Pensar la democracia desde nuestra realidad actual, caracterizada por la profunda crisis -derivada del agotamiento de un modelo no participativo- y por la transición, supone, para nosotros, enfrentar una eviden­cia: que la democratización de un Estado y de una sociedad en crisis co­mo la nuestra, no se logra con la sola culminación de un proceso eleccio­nario, ni con el accionar de un sólo partido político.

La revalorización del principio de legitimidad democrática, admitido por todas las fuerzas políticas y sociales de Argentina, en este proceso de apertura democrática, no agota su contenido en la sola recuperación de la constitucionalidad anterior, sino que, debe incorporar a sus demandas, las ne­cesarias modificaciones del marco institucional que la experiencia plan­tea como insoslayables.

La realidad pone en evidencia que, la consolidación de la democracia, exige un ritmo apropiado de democratización económica y social. Es de­cir, que la democratización de la política se revela como un momento par­cial de un proceso más amplio y profundo de democratización fundamental en todas las órbitas sociales, y en todos los niveles.

Como dice Norberto Bobbio: “El proceso de ampliación de la democracia en la sociedad contemporánea, consiste en: el paso de la democracia en la esfera política, a la democracia en la esfera social; desde el campo de la gran sociedad política, hasta alcanzar el campo de la sociedad civil en sus distintas articulaciones, desde la escuela hasta la fábrica”[1].

 

La crisis no asumida

La transición hacia la democracia se está dando, en Argentina, en medio de la crisis económica y social más profunda y compleja, desde la organi­zación nacional. Ella no representa, solamente, un momento de deterioro de la economía o del cierre de un ciclo económico; esta crisis es, sobre todo, un momento en el que afloran las profundas falencias derivadas del agotamiento del modelo económico puesto en marcha a fines del siglo pasado. Crisis económica que se proyecta como crisis social e institucional, y que, con el tiempo, se ha transformado en una profunda y compleja crisis moral.

 

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Convocamos a recordar a Guillermo

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Video: Recuperar el sentido de la política en la Argentina de hoy

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Conferencia Homenaje al Dr. Guillermo Estévez Boero

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El diputado nacional y presidente del Partido Socialista (PS), Hermes Binner, fue el anfitrión del homenaje que se realizó este lunes en la ciudad de Rosario al fundador del Partido Socialista Popular (PSP) y del Movimiento Nacional Reformista (MNR), Guillermo Estévez Boero a 14 años de su fallecimiento.

La actividad reunió a dirigentes políticos de diferentes partidos y participaron del panel principal, “Recuperar el sentido de la política en la Argentina de hoy”, los presidentes de los bloques socialista y de la Unión Cívica Radical en la Cámara de Diputados de la Nación, Juan Carlos Zabalza y Mario Raúl Negri, respectivamente, y el ex legislador nacional y dirigente justicialista Julio Bárbaro.

“Recordar a figuras como Guillermo nos invita a reflexionar sobre la realidad actual del país y la necesidad de abordar los problemas de la Argentina con políticas de Estado, donde todos los actores nos pongamos de acuerdo en metas, y que más allá de las diferencias partidarias podamos acordar en el horizonte, en el país que queremos”, señaló el referente principal del Frente Amplio Progresista (FAP).

El ex gobernador de Santa Fe opinó que “por el momento que atraviesa la Argentina hoy, más que nunca se hace imperiosa la necesidad abrir de el diálogo”, y agregó: “Debemos poner los problemas sobre la mesa y buscar soluciones. Escondiéndolos no es la manera en que vamos a salir adelante. El Gobierno tiene las herramientas, debe operar con amplitud y generosidad si es que quiere salir adelante”.

El dirigente santafesino explicó que “hace casi 30 años que desde el socialismo con Estévez Boero venimos impulsando la implementación del Consejo Económico, Social y Político para de esta manera sentar a todos los actores sobre la mesa (Nación, provincias, municipios, sindicatos, sectores de la producción, organizaciones sociales) para debatir, consensuar y llegar a soluciones que sean beneficiosas para todos los argentinos”. “Ya hemos padecido en innumerables oportunidades el fracaso de las recetas mágicas, creemos que ha llegado el momento del diálogo”, finalizó Binner.

Estuvieron presentes en el homenaje los diputados nacionales Alicia Ciciliani, Elida Rasino, Omar Barchetta (PS); Mario Barletta (UCR); Pablo Javkin (CC-ARI); Tony Riestra (Pares -UP); la diputada provincial y presidente de la Fundación Estévez Boero, Inés Bertero; la presidenta de la convención de la UCR, Lila Puig de Stubrin; legisladores, concejales, dirigentes y militantes de diversos partidos.

 

Homenaje al Dr. Guillermo Estévez Boero

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Colocación de una placa a la trayectoria del Dr. Guillermo Estévez Boero en el Paseo de los Ilustres

Palabras pronunciadas por la Dra. Inés Bertero, Diputada Provincial y Presidenta de la Fundación Estévez Boero

 

En primer lugar, quisiera agradecer en nombre de mis hijos y demás familiares, por este gesto de la Sra Intendenta Mónica Fein, de rendir un homenaje a la memoria del Dr. Guillermo Estévez Boero mediante la colocación de una placa en este Paseo de los ilustres, que nos permite rescatar ejemplos de vida de rosarinos y rosarinas que nos legaron enseñanzas y aportes para superar muchos de los desafíos que hoy tenemos como sociedad y que siempre serán recordados por haber vivido plenamente comprometidos con la realidad de su tiempo.

En este sentido si repasamos la vida y la obra de Guillermo vemos que ingresó a la política como estudiante universitario, iniciando su formación en el ideario de la Reforma Universitaria y en la defensa de la educación pública.

Le tocó actuar en momentos de gran inestabilidad institucional signado por los golpes de estado y por la desvalorización de la idea democrática en nuestro país. De su maestro Don Luis Jiménez de Asúa recibió una visión del socialismo profundamente democrático que lo llevó a trabajar incansablemente por la recuperación democrática como palanca necesaria para construir un futuro mejor.

Por eso su convocatoria permanente a la participación popular y a la concertación para lograr el cambio que nuestro país necesita. Quería una concertación democrática que nos permitiera articular los aspectos políticos, sociales y económicos para poder superar las crisis de legitimidad y de falta de representatividad de nuestras instituciones.

En la década de los 90 debió enfrentar en soledad la oleada neoliberal en el Congreso de la Nación, allí en discursos memorables denunció las consecuencias de las leyes de privatización que liquidaron nuestro patrimonio nacional sin resguardar, en muchos casos, la función reguladora del Estado.

En momentos de degradación y de corrupción en nuestro país, reivindicó una práctica política ligada a la ética, condenando el relativismo de los valores.

En su labor como legislador y como convencional constituyente está plasmada la síntesis de su pensamiento elaborado tras largos años de estudio sobre diversos temas; pero su acción siempre estuvo centrada en lo que fueron sus grandes preocupaciones: el perfeccionamiento de la democracia y el futuro de la juventud.

Todo su accionar tuvo como motor un compromiso, el que asumió desde muy joven: remover los obstáculos que impiden la realización plena de cada hombre y de cada mujer; para ello, siempre se apoyó en el estudio y el conocimiento profundo del espacio y del tiempo que le tocó vivir.

Guillermo fue un lector incansable, que le quitaba horas al descanso, o le ganaba horas a sus viajes y a las esperas, porque, siempre tenía consigo, un libro a medio leer y un lápiz con el que resaltar aquellos párrafos que darían nacimiento a una idea o que le ayudarían a fundamentar sus exposiciones.

Como buen maestro, supo transmitirnos ese hábito y esa metodología de estudio. En este sentido he rescatado una frase que seguramente será compartida por quienes impulsaron esta iniciativa.

“El estudio es un trabajo que requiere de un esfuerzo y para asumirlo necesitamos de una motivación. Esa motivación se adquiere cuando se tiene una meta y un proyecto vital claro. Pero vivimos en un mundo donde reina la crisis de valores y de metas. Entonces no vemos tan claro por qué estudiar.”

Vuelvo a agradecerles por este homenaje a un rosarino que amo a su ciudad, que bregó para que la ciudad dejara de dar su espalda al río, que en los momentos difíciles golpeó puertas e hizo oír su voz para rescatar los valores que hacen a la identidad de Rosario, la ciudad que lo vio nacer hace 83 años.

 

Conferencia: Los desAfíos y el futuro de las relaciones entre la Unión Europea y América Latina

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